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OPINIÓN
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OPINO, LUEGO EXISTO
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DINA: CRISIS DE LIDERAZGO
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Luego de cada proceso electoral, el gobernante elegido tiene siempre un tiempo valioso que puede capitalizar a favor. Es lo que los analistas llaman “luna de miel” entre él y su pueblo. Si bien el presente mandato de la señora Dina Boluarte no se constituyó a través de las urnas, y nació casi herido de muerte con una masiva oposición que la acusaba de “usurpadora”, un Congreso siempre preocupado en sus propios intereses decidió darle legitimidad. El asunto es que, forzada o no, la aprobación ciudadana es cada vez menor y ello no le garantiza permanencia por todo el periodo que aún le tocaría ejercer. Norberto Bobbio, filósofo y politólogo italiano, ya había señalado que el liderazgo es imprescindible para gobernar pues “permite conservar la estabilidad y el buen funcionamiento del dispositivo del poder”. Solicitar permisos para viajes en los cuales la mandataria presenta al país como un Estado ideal para invertir, no le ayuda a conectar con la opinión pública interna y, en realidad, en el exterior tampoco convence del todo.
Sería hora de sincerar las políticas de gobierno que sostendrían la presente gestión de Dina Boluarte. Evadirse o faltar a la verdad, alegando “sensaciones” que no existen (de seguridad ciudadana, de estabilidad política), es una especie de miopía política que está próxima a convertirse en ceguera. Y, ad portas del anuncio de nuevas protestas sociales en contra de este Gobierno, no habría nada peor que una gobernante ciega. Nicolás Maquiavelo, padre de la ciencia política actual, lo señala claramente: “sin un claro liderazgo la dominación de la población es imposible y cundirá el caos y el desorden”. No es lo que queremos los peruanos; estaríamos ante una irritante repetición histórica en un país que ha tenido siete presidentes en los últimos 10 años.
El país no está para seguir navegando en aguas tan turbulentas. Si preguntan por qué la inversión privada se ha retraído, la respuesta se cae de obvia; para la presidenta hay una “sensación” de que la seguridad ciudadana está mejorando, mientras que para la población sucede todo lo contrario. Lamentablemente, no hay garantías de seguridad ciudadana ni jurídica, mientras el Congreso sigue evadiendo su responsabilidad fiscalizadora; es decir, critica al Gobierno, pero sigue sosteniéndolo aún en contra de la casi agotada voluntad popular. ¿Adivinamos qué puede pasar en los próximos meses?
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