DINA: CRISIS DE LIDERAZGO

Luego de cada proceso electoral, el gobernante elegido tiene siempre un tiempo valioso que puede capitalizar a favor. Es lo que los analistas llaman “luna de miel” entre él y su pueblo. Si bien el presente mandato de la señora Dina Boluarte no se constituyó a través de las urnas y nació con una fuerte oposición, un Congreso enfocado en sus propios intereses decidió otorgarle legitimidad. Sin embargo, la aprobación ciudadana continúa disminuyendo, lo que pone en duda su permanencia durante todo el periodo de gobierno.

El filósofo y politólogo Norberto Bobbio señalaba que el liderazgo es imprescindible para gobernar, ya que permite conservar la estabilidad y el buen funcionamiento del poder. En ese contexto, los viajes oficiales en los que se presenta al país como un destino ideal para la inversión no logran generar conexión con la ciudadanía, ni convencer plenamente en el ámbito internacional.

Resulta necesario sincerar las políticas de gobierno que sostienen la actual gestión. Evadir la realidad o sostener percepciones alejadas de la experiencia ciudadana —como una supuesta mejora en la seguridad o estabilidad— refleja una desconexión que puede agravarse. Ante posibles nuevas protestas sociales, la falta de claridad en el liderazgo podría intensificar la crisis.

El pensador Nicolás Maquiavelo advertía que sin liderazgo claro se debilita el control político y se abre paso al desorden. El país enfrenta un contexto complejo, con inestabilidad política reciente y múltiples cambios presidenciales en la última década.

La incertidumbre impacta directamente en la inversión privada. Mientras desde el gobierno se habla de percepciones de mejora en seguridad, la población experimenta una realidad distinta. La falta de garantías en seguridad ciudadana y jurídica, sumada a un Congreso que cuestiona al Ejecutivo pero continúa sosteniéndolo, genera un escenario de tensión política cuyo desenlace en los próximos meses es incierto.